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Lagarto Festival 2007
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martes, 05 de junio de 2007
Por DANIEL ILLANA

JAÉN,
AUDITORIO DE LA ALAMEDA.

1 y 2 DE JUNIO.
GRUPOS PARTICIPANTES: X-KRUDE, WARCRY, MUCHACHITO BOMBO INFERNO, ELASTIC BAND, HELLTRIP, LOS CARNICEROS DEL NORTE...

CRÓNICA.- La lenta pero constante evolución del Concurso Lagarto Rock, ahora denominado “Lagarto Festival” hace honor a su nombre, sin duda; puesto que como los auténticos lagartos mudan la piel, aunque la evolución no ha sido especialmente generosa con los de su especie. Afortunadamente desde el primer año (ahora se ha celebrado la vigésimo primera edición, pero se han cumplido veinte años) nunca ha tenido este Lagarto que arrastrase; y aunque como reptil sea considerado como algo bajo desde los tiempos de la prehistoria bíblica, puede al menos seguir caminando orgulloso.

El Lagarto Festival (que de festival, desgraciadamente, sólo tiene el nombre, y es que algunos no se enteran de que va la película en el negocio musical actual) llegaba a 2007 con un buen balance previo; el concurso había recibido muchas maquetas, y sobre todo muy buenas. Pero lo importante era la doble cita de los días uno y dos de junio, donde tanto las bandas como el público tendrían que responder. Afortunadamente pocas ocasiones se recuerdan en que la respuesta halla sido tan positiva.

VIERNES
El viernes abrían el escenario del Auditorio de La Alameda la banda local de Trash-metal X-Krude; una de las referencias de la nueva hornada de bandas de metal extremo a nivel nacional. Los temas de “Del alimento de las cicatrices” fueron intensamente coreados por el público que a esas horas comenzaba a entrar en el Auditorio en uno de sus mejores conciertos desde la vuelta de su gira por Suramérica. Su estilo, a pesar de estar un tanto encasillado, ha madurado muy bien, y cada vez las distancias respecto a sus referentes directos son más cortas.

Abrieron el concurso en la categoría de Rock y Metal los barceloneses Sixteenth Solid Spread, que partían como los grandes favoritos, aunque se tuviesen que ir de vacío. Ganadores el pasado año del GBO, el Lagarto suponía para ellos un premio menor; aún así lo entregaron todo en un directo donde los ecos de Franz Ferdinand, Radio4 o Interpol sonaron más que veladamente. La formación estuvo contundente y sólida en su interpretación, aunque el jurado entendió que para ellos este premio no era necesario; claro que también hubieran encajado mejor en la categoría pop, como alguna banda más de las que sonó el viernes.

A continuación el turno fue para Blindfall, una banda granadina con componentes hispanos, franceses y alemanes. La vena teutona fue la más destacada, puesto que fue la vocalista y frontwoman Inga Roser la principal transmisora del mensaje sonoro de esta banda con tintes de New metal, y toques funk y pop. Su sonoridad fue cruda, y su propuesta arriesgada, quizá demasiado, pues se vieron lastrados por fallos técnicos en su interpretación, causados en gran parte por su batería, Vins Gutfreund; que se llevó una mención especial del jurado por un inacabable sólo de redobles. No desmerecerían como teloneros de Guano Apes.

Los vencedores en esta categoría fueron los siguientes a escena. Desde Mieres, Asturias, Helltrip descargó una buena dosis de punk rock garajero acelerado y salvaje; áspero, sin concesiones. Cuando pisaban el acelerador sonaron como Hellacopters; cuando estuvieron más pausados recrearon el hard rock ochentero, versión de Guns’n’Roses incluida. A un servidor lo de los “covers”, y más tan apegados a los originales como el que sonó el viernes en La Alameda, le parecen , en esto, fuera de lugar; aunque a público y jurado le resultó muy estimulante. Su directo fue eso sí, de lo más divertido, aunque con algunas deficiencias técnicas a la hora de cambiar de ritmo.

En aquellos momentos, y disculpen por el excurso, no pude evitar pensar en las duras palabras con las que iniciaba José Ignacio Gª Lapido un artículo, “nunca se debe llamar al público respetable, pues no siempre es digno de respeto”
Para cerrar las bandas a concurso aterrizaron desde Vizcaya Los Carniceros del Norte. Sin lugar a dudas, y veredictos institucionales aparte, lo mejor de la noche. Se les reconoció con el segundo premio, aunque fueron ampliamente silbados por el público presente, que a esas horas ya era mucho, más de mil personas. En aquellos momentos, y disculpen por el excurso, no pude evitar pensar en las duras palabras con las que iniciaba José Ignacio Gª Lapido un artículo, “nunca se debe llamar al público respetable, pues no siempre es digno de respeto”. Sin querer faltar, por supuesto. Pero claro, a esas horas en el la Alameda estaban esperando ya muchos jovenzuelos la llegada de Warcry al escenario, gente que no tenía ningún interés por las bandas a concurso, ni al tiempo la más mínima idea de lo que suponía la propuesta que estaba desarrollándo en esos momentos en el escenario, y que además se indignaba porque un grupo que tan poco tiene que ver con su planteamientos estéticos en lo musical se arrogue “lo siniestro” como algo propio. Si echara mano al refranero popular para decir que no se hizo la miel para la boca del asno podrían, con razón, acusarme de proselitismo o de esnobismo, por eso me ahorraré esas palabras y diré que resultó sorprendente que se pudiera ofrecer tanto a cambio de tan poco, e indignante que no pudiéramos disfrutar en paz de su actuación. El trío vizcaíno mezcló psicobilly y rock gótico en un concierto que supuso una demostración de lo que es actitud sobre el escenario: enloquecer, forzar la catarsis, sacar todo desde las tripas; en este caso se manifestó en una violencia extrema sobre los objetos, con un saldo desolador para el material técnico. Si Keith Moon no estuviera muerto a buen seguro pudiera ser digno batería para la banda, en sustitución de la muñeca hinchable que sentaron en el instrumento. El trío se reivindicó con un concierto pletórico, con papel protagonista de Charlie Usher, su vocalista, por momentos poseído por el fantasma de Eduardo Benavente, o por el de Ian Curtis, o por ambos a la vez. Su mensaje poético-musical, construido como homenaje a los grandes clásicos del cine de terror y de la cultura freak, se pudo ver solidamente construido en temas como “Llamando a la puertas del infierno”, “Hotel Overlook” o “Cabeza Borradora”. El jurado consideró que no podían recibir el primer premio por parecerse demasiado a Parálisis Permanente. ¡Como si eso fuera malo!

Para cerrar la noche del viernes desde Asturias llegaron Warcry con su heavy épico, en un concierto que ofreció justamente lo que sus aficionados esperaban; técnicamente muy bueno, y con un fenomenal sonido. Por mi parte sólo puedo criticarles que nadie tiene derecho a tener ocho pipas parados y al público esperando durante más de media hora. Luego jurado, veredictos y esas cosas.
SÁBADO
El sábado el público fue poco madrugador, por eso cuando los malacitanos Model Monroe saltaron al escenario apenas si había aforo en el Auditorio de la Alameda. Por cierto, única banda que no fue presentada por el maestro de ceremonias Julio Ángel Olivares. Su propuesta de postpunk bailable y oscuro fue premiada con los mil quinientos euros correspondientes al segundo premio de la categoría de “Pop y nuevas tendencias”, concurso que ellos abrieron. La banda de Paula Gaviño estuvo correcta en su interpretación, aunque tampoco fue destacable, y pecó de estatismo; además se pudo apreciar que muchas de las composiciones estaban todavía muy verdes, lo cual no significa que no pintaran bastante bien. 

Otros malagueños fueron los siguientes a concurso, Concorde llegaban con una buena vitola hasta este Lagarto; y es que “Vida Extra”, su más reciente grabación, sonaba redonda. Empezaron quemando sus mejores naves y acabaron bastante flojos, la intensidad les duró apenas diez minutos, a partir de entonces su actuación se volvió plana y acusó en demasía la ñoñería de algunas composiciones, y la extraña manía de alargar unas canciones que estaban hechas para durar menos de tres minutos. Fueron quizá la banda que consiguió tocar más unida y acompasada de todas; y eso, a pesar de todo, se agradeció.

Mucha expectación habían levantado los terceros en entrar en liza, los barceloneses Kemakeur, con su fusión de electrónica y ritmo elegantes. Y ciertamente su directo fue un dechado de buen gusto, tanto en la interpretación como en la puesta en escena, sobre todo por parte de la cantante Verónica Marín, que tuvo una destacable actuación, aunque le pudieron los nervios. Su mezcla de electrónica con soul, free jazz y swing dio una grata sensación; a pesar de lo cual, todo hay que decirlo, su directo fue insatisfactorio, pues si dispones de poco tiempo para ganarte al público no puedes andar con tantos rodeos, quizá debieron adecuar su repertorio a las exigencias del concurso. Pero lo que es del todo incomprensible es como una banda que cuida tanto su sonido permita una ecualización tan lamentable.

Los últimos a concurso fueron los a la postre vencedores en la categoría de pop y nuevas tendencias. Elastic Band llegaron a Jaén desde Granada como un auténtico ciclón. Eran un trío pero llenaron más el escenario que otras formaciones más numerosas; su directo fue cien por cien analógico, pero batió en modernidad al resto de formaciones; su propuesta se basa en los grandes clásico de la psicodelia, pero fueron los más originales. A Pablo Román ya se le veían maneras cuando empezó a tocar acompañando a su hermana, y cuando fue lead guitar de Sugarfish; pero su virtuosismo con la mandolina eléctrica encandiló al público desde el comienzo de su arrollador concierto, donde los ritmos bailables se hicieron más presentes si cabe que eN “When the feeling is gone”. El trío granadino se ganó en buena lid los seis mil euros; pues el público fue a la única banda a concurso que le pidió un bis, aunque los asistentes sabían que estaba estrictamente prohibido por las bases del concurso.

El broche final lo puso Muchachito Bombo Inferno; que no se sabe si por lo que hizo bailar al personal o por la cantidad de personas que congregó,pero lo cierto es que le dio más calor al recinto de la Alameda que nunca. El Muchachito se maneja muy bien en las distancias cortas y tiene perfectamente trabajado el directo, por lo que tardó apenas unos segundo en ganarse a la mucha gente, quizá rondaran los dos mil quinientos, que a esas horas abarrotaron la Alameda. Especialmente interesante fue ver como el pintor Santos de Veracruz fue llenando un enorme lienzo al ritmo de la música del barcelonés. Al final para los que no somos fans se nos hizo cansino, el que gusta verdaderamente del Muchachito se quedó con ganas de más, y es que nunca llueve a gusto de todos. El año que viene más, y esperemos que por muchos años; el buen sabor de boca nos durará un buen rato, y es que este año hubo nivel de verdad en el concurso. ¿Síntoma de revolución en el panorama? Ojalá.
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